We express our condemnation of the US military intervention in Venezuela and our full solidarity with the people of Venezuela.

In an act of aggression unprecedented in recent history, the United States has carried out a military attack on Venezuelan territory and forcibly kidnapped Nicolas Maduro and his wife Cilia Flores. This is a grave violation of international law, the Charter of the United Nations, and the Charter of the Organization of American States. Such actions pose a direct threat to peace, sovereignty, and regional stability. Further, the extractivist agenda is built upon the exploitation of natural resources and everyday citizens. 

We reject this act of hostility and stand with the Venezuelan people. We call for an immediate end to all wars, conflicts, and military interventions worldwide.

At the same time, we affirm the importance of human rights, democratic governance, and gender justice in Venezuela and around the world. We recognize that Venezuela’s democratic institutions have faced serious challenges in recent years, and affirm that any steps toward democratic strengthening must be determined solely by Venezuelans themselves, free from external pressure, intervention, or coercion. As feminist economists, we understand that militarism, imperialism, and resource extraction and accumulation are deeply gendered processes. They intensify inequalities, displace communities, heighten violence against women and marginalized groups, and redirect public resources away from social protection, care systems, and human development. Feminist economic principles insist that economic justice cannot be separated from people, sovereignty, and respect for international human rights law.

Women and girls around the world continue to bear the brunt of imperial violence and the disproportionate effects of conflict and violence. Data from the United Nations Entity for Gender Equality and Women’s Empowerment shows that 612 million women and girls now live within 50 km of armed conflict zones. This represents a 150% increase over the past decade. Additionally, civilians make up an estimated 90% of war casualties, with women and children comprising the majority of the deaths. This violence is escalating at a rapid rate. From 2023 to 2024 alone, the proportion of women killed in conflicts doubled. Furthermore, increased militarization correlates with increased gender inequality. Countries with higher military spending tend to have poorer health, education, and labor force participation outcomes. Feminist economic principles explicitly critique the diversion of public resources from social investment to military budgets. Because our field centers the voices and well-being of those most affected by conflict and exploitation, we have a responsibility to oppose actions that undermine democratic agency, worsen humanitarian conditions, and erode the foundations necessary for a gender-just and inclusive society. Speaking out against imperial aggression, in all its forms, is integral to our commitment to human rights, collective self-determination, and the transformation of economic structures that perpetuate harm.

We demand the immediate protection of all human rights, gender justice, free and fair elections, and the establishment of democratic, independent rule for the people of Venezuela. As feminist economists, we defend national sovereignty, advocate for peace, and demand the realization of the rights of all people to self-determination.

Expresamos nuestra condena a la intervención militar estadounidense en Venezuela y nuestra plena solidaridad con el pueblo venezolano.

En un acto de agresión sin precedentes en la historia reciente, Estados Unidos ha llevado a cabo un ataque militar contra el territorio venezolano y ha secuestrado por la fuerza a Nicolas Maduro y a su esposa Cilia Flores. Se trata de una grave violación del derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Organización de los Estados Americanos. Tales acciones suponen una amenaza directa para la paz, la soberanía y la estabilidad regional. Además, la agenda extractivista se basa en la explotación de los recursos naturales y de los ciudadanos de a pie. 

Rechazamos este acto de hostilidad y nos solidarizamos con el pueblo venezolano. Hacemos un llamamiento para que se ponga fin de inmediato a todas las guerras, conflictos e intervenciones militares en todo el mundo.
Al mismo tiempo, afirmamos la importancia de los derechos humanos, la gobernanza democrática y la justicia de género en Venezuela y en todo el mundo. Reconocemos que las instituciones democráticas de Venezuela han enfrentado serios desafíos en los últimos años y afirmamos que cualquier medida encaminada al fortalecimiento democrático debe ser determinada únicamente por los propios venezolanos, sin presiones, intervenciones ni coacciones externas. Como economistas feministas, entendemos que el militarismo, el imperialismo y la extracción y acumulación de recursos son procesos profundamente marcados por el género. Intensifican las desigualdades, desplazan a las comunidades, aumentan la violencia contra las mujeres y los grupos marginados, y desvían los recursos públicos de la protección social, los sistemas de atención y el desarrollo humano. Los principios económicos feministas insisten en que la justicia económica no puede separarse de las personas, la soberanía y el respeto del derecho internacional de los derechos humanos.

Las mujeres y las niñas de todo el mundo siguen siendo las más afectadas por la violencia imperial y los efectos desproporcionados de los conflictos y la violencia. Los datos de la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres muestran que 612 millones de mujeres y niñas viven actualmente a menos de 50 km de zonas de conflicto armado. Esto representa un aumento del 150 % en la última década. Además, se estima que los civiles representan el 90 % de las víctimas de la guerra, y que las mujeres y los niños constituyen la mayoría de las muertes. Esta violencia se está intensificando a un ritmo acelerado. Solo entre 2023 y 2024, la proporción de mujeres asesinadas en conflictos se duplicó. Además, el aumento de la militarización se correlaciona con una mayor desigualdad de género. Los países con un mayor gasto militar tienden a tener peores resultados en materia de salud, educación y participación en la fuerza laboral. Los principios económicos feministas critican explícitamente el desvío de recursos públicos de la inversión social hacia los presupuestos militares. Dado que nuestro campo se centra en las voces y el bienestar de las personas más afectadas por los conflictos y la explotación, tenemos la responsabilidad de oponernos a las acciones que socavan la agencia democrática, empeoran las condiciones humanitarias y erosionan los cimientos necesarios para una sociedad inclusiva y con justicia de género. Denunciar la agresión imperial, en todas sus formas, es parte integral de nuestro compromiso con los derechos humanos, la autodeterminación colectiva y la transformación de las estructuras económicas que perpetúan el daño.

Exigimos la protección inmediata de todos los derechos humanos, la justicia de género, elecciones libres y justas, y el establecimiento de un gobierno democrático e independiente para el pueblo de Venezuela. Como economistas feministas, defendemos la soberanía nacional, abogamos por la paz y exigimos la realización de los derechos de todos los pueblos a la autodeterminación.

Nous exprimons notre condamnation de l'intervention militaire américaine au Venezuela et notre entière solidarité avec le peuple vénézuélien.

Dans un acte d'agression sans précédent dans l'histoire récente, les États-Unis ont mené une attaque militaire sur le territoire vénézuélien et ont enlevé de force Nicolas Maduro et son épouse Cilia Flores. Il s'agit d'une grave violation du droit international, de la Charte des Nations unies et de la Charte de l'Organisation des États américains. De telles actions constituent une menace directe pour la paix, la souveraineté et la stabilité régionale. En outre, le programme extractiviste repose sur l'exploitation des ressources naturelles et des citoyens ordinaires.
Nous rejetons cet acte d'hostilité et nous nous solidarisons avec le peuple vénézuélien. Nous appelons à la fin immédiate de toutes les guerres, conflits et interventions militaires dans le monde entier.

Dans le même temps, nous affirmons l'importance des droits humains, de la gouvernance démocratique et de la justice de genre au Venezuela et dans le monde entier. Nous reconnaissons que les institutions démocratiques vénézuéliennes ont été confrontées à de sérieux défis ces dernières années, et affirmons que toute mesure visant à renforcer la démocratie doit être déterminée uniquement par les Vénézuéliens eux-mêmes, sans pression, intervention ou coercition extérieures. En tant qu'économistes féministes, nous comprenons que le militarisme, l'impérialisme, l'extraction et l'accumulation des ressources sont des processus profondément genrés. Ils intensifient les inégalités, déplacent des communautés, exacerbent la violence à l'égard des femmes et des groupes marginalisés, et détournent les ressources publiques de la protection sociale, des systèmes de soins et du développement humain. Les principes économiques féministes insistent sur le fait que la justice économique ne peut être dissociée des personnes, de la souveraineté et du respect du droit international en matière de droits humains. 
Partout dans le monde, les femmes et les filles continuent d'être les premières victimes de la violence impériale et des effets disproportionnés des conflits et de la violence. Les données de l'Entité des Nations Unies pour l'égalité des sexes et l'autonomisation des femmes montrent que 612 millions de femmes et de filles vivent aujourd'hui à moins de 50 km d'une zone de conflit armé. Cela représente une augmentation de 150 % au cours de la dernière décennie. En outre, les civils représentent environ 90 % des victimes de guerre, les femmes et les enfants constituant la majorité des décès. Cette violence s'intensifie à un rythme rapide. Rien qu'entre 2023 et 2024, la proportion de femmes tuées dans des conflits a doublé. De plus, la militarisation accrue est corrélée à une augmentation des inégalités entre les sexes. Les pays qui consacrent des dépenses militaires plus importantes ont tendance à afficher des résultats moins bons en matière de santé, d'éducation et de participation au marché du travail. Les principes économiques féministes critiquent explicitement le détournement des ressources publiques des investissements sociaux vers les budgets militaires. Parce que notre domaine se concentre sur les voix et le bien-être des personnes les plus touchées par les conflits et l'exploitation, nous avons la responsabilité de nous opposer aux actions qui sapent l'action démocratique, aggravent les conditions humanitaires et érodent les fondements nécessaires à une société inclusive et équitable entre les sexes. Dénoncer l'agression impérialiste, sous toutes ses formes, fait partie intégrante de notre engagement en faveur des droits humains, de l'autodétermination collective et de la transformation des structures économiques qui perpétuent les injustices.

Nous exigeons la protection immédiate de tous les droits humains, la justice entre les sexes, des élections libres et équitables, ainsi que l'instauration d'un régime démocratique et indépendant pour le peuple vénézuélien. En tant qu'économistes féministes, nous défendons la souveraineté nationale, prônons la paix et exigeons la réalisation du droit de tous les peuples à l'autodétermination.